Charles Spencer Chaplin, creador de la mítica figura de Charlot del cine mudo de inicios del siglo XX, se resistió a hacer que su personaje hablara en la pantalla hasta finales de los años 30, pese a que el cine sonoro era ya ampliamente utilizado desde comienzos de esa década.
La primera vez que se escuchó su voz fue en Tiempos modernos (1936), aunque allí, de manera premeditada, se limitó a cantar una canción con una letra sin sentido. El público ya estaba advertido de que en esa película el actor mostraría su voz, y éste les sorprendió haciendo que, literalmente, no saliera nada con sentido de su boca. No lo necesitaba, pues Charlot era capaz de expresar con su mímica todo lo que deseara.
Y es que Charles Chaplin sabía bien que el hablar haría morir a su personaje y quizá por eso, fue por lo que esperó hasta El gran dictador (1940) para hacerlo. Fue la última película en la que el personaje apareció en pantalla. Pero antes, dirigió un discurso final que, para nuestra desgracia, sólo habría que cambiarle unas pocas palabras para que siga manteniendo su plena actualidad en muchos lugares de nuestro planeta. Es el discurso que traigo hoy aquí.
Por estas dos películas y por sus cada vez más críticas reflexiones sobre la forma de conducirse el mundo contemporáneo, Charles Chaplin sufrió las críticas de los sectores más conservadores norteamericanos que, en pleno maccarthismo, consiguieron retirarle su visado de entrada a Estados Unidos en 1952. Allí volvió sólo cuando se lo rogaron para recoger el Oscar Honorífico que le concedieron en 1972.
Para conocer más sobre la vida de Charles Spencer Chaplin, estos días en Caixa Forum: Chaplin en imágenes. Hasta el 19 de octubre.
Algunos de los números del Blog Action Day 2007 del pasado día 15 de octubre: 20,603 Blog participantes; 23,327 Blog posts (según Google Blog Search); 14,631,038 lectores RSS. Pese a la dificultad y lo imperfecto del sistema de medición creo que se puede afirmar que tuvo una repercusión notable.
Me gustaría decir también que acciones como la del Blog Action Day o similares son las van a llevar a China a “promover un desarrollo más coordinado, sobre la base de la armonía social, la protección del medio ambiente y la conservación de energía“, tal y como se recoge en la tesis de la “perspectiva científica del desarrollo” enunciada durante el 17 Congreso del Partido Comunista Chino y que está llamada a alumbrar sus políticas económicas en los próximos años. Desgraciadamente, me uno a las voces que piensan que estas medidas no se realizan desde el convencimiento y compromiso moral con los valores que en ellas subyacen, sino por la constatación de que sin las mismas su crecimiento a medio y largo plazo se verá estrangulado
Termino con unas palabras de Al Gore durante la recogida ayer de su Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional:
En unos años, las siguientes generaciones nos preguntarán: ¿en qué estabais pensando? O, lo que me gustaría que pasara, que miraran a 2007 y se preguntaran: ¿cómo encontrasteis la valentía moral para enfrentaros a algo que muchos decían que era imposible de resolver?
Es época de vacaciones. España se llena de turistas y muchos españoles se van de vacaciones, algunos fuera del país (aunque menos que otros años por las apreturas de las hipotecas).
Casi sesenta millones de turistas visitaron España en el 2006. Vienen, visitan nuestros museos, se bañan en nuestras playas, disfrutan de nuestras comidas….. En suma, se divierten gracias a nuestra forma de vivir y a nuestra cultura. El Turismo es nuestra primera industria, pero también es una gran plataforma de proyección exterior y no solo de España como marca turística, sino como cultura, como sociedad, como sistema político y como conjunto de valores.
De una manera u otra, con mayor o menor intensidad dependiendo del individuo y de su nacionalidad, algo de España queda en cada uno de ellos. El Turismo debe ser una gran herramienta del Soft Power de nuestro país, a través de la que podemos influir más allá de nuestras fronteras.
Refugiado: toda persona que debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y (….) no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él.
Los refugiados están amparados por la Convención sobre el Estatuto del Refugiado de 1951, la cual confiere al particular un derecho de garantía básico identificado con el principio de no devolución: el solicitante de refugio y el refugiado no pueden ser devueltos en ningún caso al territorio del Estado donde puedan correr peligro.
Según ACNUR hay unos 9 millones de refugiados en el mundo (1).