Hablemos de las fronteras de los Estados.
Este verano he tenido la oportunidad de pensar sobre ellas, en especial, sobre la importancia de las mismas para los individuos que quieren cruzarlas. ¿El origen de esta reflexión?, pues el haber cruzado las de cinco países con total tranquilidad mientras recorría el Rin en bicicleta (Rhein radweg). Supongo que la propia modorra vacacional y las muchas horas sobre la bici me dieron para muchas divagaciones y alguna reflexión. Esta es una de ellas.
Para un ciudadano de la UE y por obra del espacio Schengen, las fronteras interiores de sus Estados miembros son, por lo general, anecdóticas; quizá los aeropuertos sean la excepción. No pasan de ser meros check points vacíos, o con funcionarios que, en apariencia, rara vez se interesan por el que cruza. Algunas veces ni siquiera existe ya ese punto de control. Es por ello por lo que las voy a calificar de fronteras “amables”, y espero que el calificativo se entienda tras una revisión comparada con otros tipos de frontera.


