Ciudadanos: vacuna a la Europarálisis

Hace unas semanas la Unión Europea cumplió 50 años de existencia; seis más si contamos desde la primigenia CECA. Con motivo de aquella celebración la presidencia semestral alemana a cargo de la canciller Angela Merkel promovió una declaración conjunta que conmemorara el evento. Se trataba de crear y transmitir un texto sencillo, corto y alejado deliberadamente de un lenguaje burocrático, pues iba dirigido a los principales destinatarios de la Unión, a sus ciudadanos.

El texto recordaba los principales logros de la Unión, señalaba los valores y principios por los que actúa la unión y declaraba una serie de intenciones de futuro. Sin embargo, el texto carecía de conclusión. Sólo mostraba el deseo de preservar “…. esta ventura para las generaciones venideras. Para ello debemos seguir adaptando la estructura política de Europa a la evolución de los tiempos….“.

Pues bien, en el clima actual de división y recelo entre los miembros de la Unión, ni la elección de un lenguaje sencillo, ni de unas ideas y valores indudables, ni la indefinición en la forma de seguir adelante, valió para que la Declaración fuera firmada por los lideres de los 27 Estados Miembros. Solo fue proclamada por los Presidentes del Consejo, Comisión y Parlamento. Al más alto nivel, la Unión Europea no supo más que declarar el recuerdo de lo que nos une y la esperanza de seguir unidos.

El pasado 17 de mayo durante la recogida del premio Carlomagno 2007, Javier Solana, Alto representante para la PESC, fue mucho más enérgico a la hora de definir qué le sucede a la Unión y qué se debe hacer. En su discurso recordó nuevamente tanto el proceso histórico como nuestros valores, pero señaló también, y con firmeza, lo qué tenemos que hacer y por qué debemos hacerlo.

Hablando en clave de política exterior, su mensaje se puede resumir así. La Unión es una unión política más que un vínculo económico; Europa debe permanecer unida ahora más que nunca ante los retos y amenazas actuales; el mundo necesita más Europa y nosotros debemos dársela; Europa es parte activa en el mundo pero no es percibida como una amenaza; Europa es plural y multilateral, escucha y busca el consenso; Europa debe exportar su proyecto de paz a todo el mundo.

Nuevamente este discurso parecía más dirigido a los ciudadanos que a los propios mandatarios, y creo que precisamente esa era la intención que se buscaba, llamar la atención de éstos hacia la situación actual de la Unión.

Estamos a pocos días de la cumbre final de la presidencia semestral alemana y allí se espera relanzar el proceso de construcción europea, mediante la convocatoria de una Conferencia Intergubernamental que formule un nuevo Tratado con el que salir del freno que supuso el fracaso del proyecto de Constitución. Sin embargo, nuestros gobernantes parecen paralizados sobre el camino a seguir. El tradicional consenso con que se toman las decisiones dentro de la Unión parece detener cualquier avance que desatasque el problema. La pluralidad de opiniones de los 27 Estados miembros se cita como origen de la situación. Están divididos en dos grupos: los que quieren más Europa y los que quieren ir a menos.

Ante tal indefinición los ciudadanos, como destinatarios verdaderos de la Unión, debemos alzar nuestra voz, tomar partido en el debate y decantar el fiel de la balanza de manera definitiva. La actual Unión Europea tiene su origen en las decisiones que tomaron una serie de hombres de Estado, los padres fundadores, pero también es cierto que ellos proyectaron los deseos de paz y prosperidad de los ciudadanos de la época . Hoy en día, pese a las deficiencias que se perciben en su funcionamiento, bien se puede decir que los deseos de aquellos ciudadanos se han visto cumplidos, siendo la Europa comunitaria una isla de paz, prosperidad y libertad en el mundo. Es por ello que nuestros actuales dirigentes deben nuevamente volver su cara hacia nosotros en busca de la inspiración perdida.

En este sentido me posiciono a favor de más Europa. Me explico. Más allá del debate Constitución si o no, Tratado corto o largo, 448 o 71 artículos, lo que nos hace Unión son una serie de valores y de prácticas que hasta la fecha han funcionado. Precisamente esos valores son los que nos deben empujar a ampliar Europa en todos los sentidos. Sino, como se entiende la democracia, la tolerancia, los derechos humanos, la solidaridad o la justicia social si llegados hasta este punto no proseguimos el camino. Iniciado este, no hay retorno. Sobre esta base lo que único que cabe entonces es modificar las prácticas y herramientas con las que hemos venido funcionando para hacerlas más eficaces a las nuevas situaciones con las que nos encontramos, tanto interiores como exteriores.

En concreto, dotarse de instituciones más funcionales y democráticas. Que en la toma de decisiones del Consejo, la regla de la unanimidad sea la excepción en favor de la mayoría cualificada, la cual ya funciona con éxito en muchas políticas interiores de la Unión pero que aun se resiste a entrar en determinadas parcelas tradicionales de la soberanía estatal. Que la Carta de Derechos Fundamentales tome definitivamente forma jurídicamente vinculante. Que se dote a la Unión de personalidad jurídica internacional así como de una única voz exterior cualificada y con competencias adecuadas para desempeñar su labor.

El objetivo final ha de ser consolidar y mejorar lo ya construido puertas adentro y al mismo tiempo, extendernos al resto del mundo como factor de paz y estabilidad. Llegar a ser un actor internacional de primer orden en lo político como ya lo somos en lo económico. Si de manera complaciente nos conformamos únicamente con conservar lo que ya tenemos, blindándonos al exterior, imponiendo una autarquía política y económica, no solo seguiremos una fórmula equivocada, sino que iremos en contra de lo que hasta ahora ha sido la Unión: ampliación y reforma continua.

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