Derecho Humanitario y bombas de racimo

El Derecho Internacional es el conjunto de normas que regulan las relaciones entre Estados, Organizaciones Internacionales y otros sujetos.
El Derecho Internacional Humanitario (DIH) es el conjunto específico de normas que regulan el comportamiento de las partes implicadas en un conflicto armado con el objetivo de proteger a las victimas y de mejorar sus condiciones de vida durante su desarrollo.

– Un poco de historia –
En una guerra, pese a lo que pudiera parecer, no todo vale. Los Estados, inspirados por ideales humanitarios, han acordado una serie de normas que limitan y reglamentan la violencia en los combates. El precursor inmediato fue la labor que realizó Henry Dunant, que concibió la idea de la Cruz Roja como sociedad encargada de formar a un personal voluntario que colaborara con los servicios sanitarios militares con el objeto de mejorar la condición de los heridos y los enfermos de las fuerzas armadas en el campo de batalla. La Guerra Civil española y sobretodo la Segunda Guerra Mundial significaron un hito importante en el desarrollo del DIH. Durante la misma se emplearon nuevas armas y nuevos métodos, entre ellos, los bombardeos aéreos indiscriminados sobre amplias áreas y con efectos devastadores sobre la población civil. Guernica y Dresde son claros ejemplos.

– Los convenios internacionales –
Todo ello llevó a los Estados a adoptar una serie de convenios que regularan la normas relativas a la conducta de los beligerantes durante las hostilidades, que mejoraran la suerte de los militares heridos y enfermos en combate y que dieran una protección de la población civil. Entre estos acuerdos destacan los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales de 1977. Estos convenios descansan sobre dos grandes principios: el principio de discriminación y el principio de proporcionalidad.

– Los principios –
El principio de discriminación por el que durante el transcurso de las operaciones militares se debe distinguir entre objetivos militares y bienes civiles, así como entre combatientes y población civil. El principio de proporcionalidad, en virtud del cual están prohibidas las acciones militares cuyos daños claramente excedan la ventaja militar específica que pueda obtenerse.

Como consecuencia de estos grandes principios se derivan otros como aquel por el que el derecho de las partes en conflicto a elegir los métodos o medios de hacer la guerra no es ilimitado; o la prohibición del empleo de armas que causen males superfluos o sufrimientos innecesarios; o la prohibición de realizar ataques indiscriminados; …

De esta manera, la prohibición de determinadas armas surge de la exigencia de equilibrar las necesidades militares con las consideraciones humanitarias, si bien en esta dialéctica siempre pesará mucho el efecto que sobre el equilibrio militar de las partes interesadas tenga la pretendida prohibición. Una forma de desactivar estas reticencias es a través de la presión internacional, ya sea a nivel de Estados o de la propia opinión pública. Ejemplo de lo segundo es el Tratado sobre la Prohibición de Minas Antipersonales en donde al convencimiento de ciertos Estados se unió una importante presión de la opinión publica internacional movilizada a través de diversas organizaciones.

– Las bombas de racimo –
Las bombas de racimo son armas compuestas por una bomba “madre” cuyo interior contiene pequeñas bombas secundarias (submunición), típicamente entre 150 y 200, del tamaño de una lata de refresco y que estallan después de la separación, normalmente al impactar en el suelo. La separación se produce a una altitud comprendida entre los 900 y 90 metros de tal forma que se produce una gran dispersión de las bombas secundarias en el área sobre las que se lanzan.

Son bombas cuyo objetivo es la “neutralización por saturación de área”, y normalmente su finalidad es destruir un objetivo militar, obstaculizar el paso o el estacionamiento de tropas o evitar las concentraciones de blindados. Sin embargo, la práctica del uso de estas bombas en conflictos como los del Líbano, Irak, Afganistán, Kosovo o Laos señalan muchas otras consecuencias para la población civil.

Durante el conflicto, su alta dispersión frecuentemente ha alcanzado a zonas habitadas por población civil o cerca de ellas. Terminado el conflicto, las zonas bombardeadas con estas bombas quedan contaminadas, puesto que aquellas que no explotan suponen un riesgo permanente para la población civil al poder ser activadas accidentalmente, cumpliendo una función similar a las de las minas antipersonales. La tasa de no detonación de la submunición puede alcanzar hasta el 30%. Las cifras tanto de muertos o de heridos como de bombas sin detonar son escandalosas.

– Las bombas de racimo son contrarias a los principios de DIH –
Tanto por la naturaleza propia de las bombas como por la práctica que se hace de ellas, las bombas de racimo son contrarias a los principios de discriminación y de proporcionalidad del DIH. Sus efectos golpean a la población civil tanto durante el conflicto como muchos años después de la finalización de éste. La comparación de la ventaja militar obtenida contra el sufrimiento provocado durante la mayoría de las operaciones es claramente desfavorable para el primero, no resistiendo un examen de proporcionalidad. Además, en ocasiones incluso se puede llegar hasta observar indicios de una intencionalidad de castigo para con la población civil, si bien esto suele ser difícil de probar.

– Diferencia entre bombas contrarias a los principios de DIH y bombas prohibidas –
Pese a que a muchos nos parece evidente que las bombas de racimo son contrarias a los principios del DIH, en la actualidad no son aun armas prohibidas. La propia dinámica de los tratados que constituyen el DIH explica esto. En los Tratados, después de la proclamación de los grandes principios, es frecuente el uso de un lenguaje generalista y deliberadamente ambiguo para el desarrollo de las normas y medidas que los aplican, y es en este lenguaje en el que muchos Estados se esconden para realizan interpretaciones con las que mantener situaciones particulares. Esto es lo que ocurre con las bombas de racimo y antes con las minas antipersona, las cuales necesitaron de un Tratado exclusivo que las prohibiera de manera explícita.

– A la búsqueda de un Tratado –
En este sentido, son varios los Estados que llevan la iniciativa del proceso. Bélgica prohibió por ley la fabricación, almacenamiento y venta de bombas de racimo. Noruega declaró en noviembre del 2006 su intención de liderar las negociaciones internacionales encaminadas a su prohibición mediante un tratado; es el llamado proceso de Oslo. De la correlación de fuerzas entre los distintos grupos interesados (Estados, industria militar, ONGs y opinión publica internacional) se intuye que este es el momento adecuado para lograr acordar un texto, si bien países como España, pese a haberse adherido al proceso, muestran reticencias a que la prohibición sea total.

Por los valores que representa España, no es aceptable que mantenga ninguna excepción a la prohibición. Más al contrario, debe liderar el proceso pese a que algunas otras grandes y medianas potencias se resistan inicialmente a ello, ya que incluso sin ellas es posible avanzar, como lo demuestra el caso de las minas antipersona u otros hitos del Derecho Internacional en el que al final, la fuerza de los principios se ha impuesto y la adhesión ha sido general.

Actúa a través de:
Campaña Di NO a las bombas de racimo
Greenpeace Peligro Bombas de Racimo

Para leer más:
Bombas de racimo: rearme intelectual

El Líbano y las malditas bombas de racimo

La foto de aquí.

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5 comentarios sobre “Derecho Humanitario y bombas de racimo

  1. El Derecho Internacional Humanitario es claro pero los Tratados sobre las bombas de racimo son ambiguos para que los Estados pueden hacer lo que quieren. Los leyes y tratados nuevos de Bélgica y Noruega son buenos pero no son suficientes. Si haya un estado que no quiere firmar un tratado para la prohibición de las bombas de racimo, otros tampoco van a firmar. Tenemos un problema de la acción colectiva. El mundo sería mejor sin bombas de racimo pero nada de los poderes mundial quiere ser el unico país sinlos. Por el otro lado, sin la dirección a Bélgica y Noruega, estaríamos en una posición peor.

    Más que tener un tratado contra el uso de bombas de racimo, tenemos que trabajar en serio proveer todo el Derecho Internacional Humanitario a todo el mundo. Necisitamos ejercer presión en nuestros gobiernos enfocar en derechos humanos. La acción contra estas bombas está bien por el principio. Gracias por el artículo.

  2. Yo estoy en acuerdo con Christina. Es difícil que todos los países mantengan los tratados sobre las bombas de racimo por que cada país quiere estar preparados militarmente. Hasta que los países mas grandes sean fieles a los tratos los países pequeños no serán los primeros que firmen un contracto para prohibir las bombas de racimo especialmente ahora. Los tiempos han cambiado. Con la guerra en Irak y el temor al terrorismo va hacer mas difícil que los países decidan prohibir las bombas de racimo. Pero hay que seguir empujando a los países que firmen los tratados. También hay que pedirles que sean mas discrimines cuando los usen. La población civil siempre sufre al final y es una tristeza porque ellos no siempre elijen estar en guerra.

    Como dijo Christina todavía falta mucho en establecer que todos observen los derechos humanos de otros. Este es un principio. Gracias por enfocarse en el tema de los derechos humanos.

  3. Christina, Nancy, gracias por vuestra opiniones.

    Evidentemente el camino que queda por recorrer es mucho para erradicar muchos de los males de nuestro planeta, pero lo primero es ir construyendo un entramado jurídico internacional que obligue a los Estados y los Tratados, en ocasiones más mal que bien, es lo único de lo que disponemos en ese sentido.

    Efectivamente, ningún Estado está obligado a firmarlos, pero creo que la lista de países que están en las conversaciones de Oslo nos permite ser algo optimistas en ese sentido. Es cierto que no están los EEUU, Rusia, China, o India, pero esto funciona así; el Derecho Internacional se abre paso poco a poco y lo importante es que haya un bloque importante de países que lo impulse; luego ya es cuestión de tiempo el ir atrayendo al resto. Así ha ocurrido en otras ocasiones, aunque también ha habido propuestas que finalmente no han terminado en tratado.

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