Blog Action Day 2007 – Rompiendo el Hielo

Hace algunos días me pareció percibir la existencia de aparentes mensajes contradictorios relativos a lo que acontece en los Polos y como hay que afrontarlo. Por una parte, en un artículo del País (1) se hablaba de la disputa que comenzaba a producirse por el control de las rutas marítimas que se abrían a la navegación como consecuencia del retroceso de los hielos del Polo Norte. Por otra, y ya en otro plano, visioné la película de animación Happy Feet, en donde en un lenguaje orientado a los niños se les pone en conocimiento de las consecuencias que la acción del hombre tiene sobre los ecosistemas que viven en el Polo, en este caso el Sur, para terminar dando un mensaje sensibilizador, de responsabilidad y de protección del medio ambiente. La contradicción es la siguiente.

Por una parte algunos gobiernos, dando por hecho que el deshielo del Polo es una realidad más o menos inminente, toman posiciones para controlar las que serán nuevas vías de navegación por el Polo Norte y que evitará tener que utilizar los pasos convencionales hasta ahora utilizados, ahorrando varios miles de kilómetros de travesía. Encontrando lícita esta pretensión, creo que lanzan un mensaje, cuanto menos, ambiguo sobre cuales son sus verdaderos deseos en lo referente al control de cambio climático. Sería algo así como: bueno sí, hay que pararlo…, tenemos que hacer algo…, las consecuencias son negativas, aunque claro no todas…, quizá el Polo ya no lo salvemos al fin y al cabo esto ya está en marcha…, concentrémonos en otro asunto pues aquí, en los Polos son muchos los beneficios que podemos sacar de ello. Pongan esta línea de pensamiento en el lenguaje que utilizan los Estados y ya tienen la argumentación perfecta para no hacer nada allí. Y si esto es malo en si mismo, observen el precedente que crean para que otros, recogiendo el mismo argumento, se conduzcan de la misma manera. Porque recordemos que allí, en el Polo Norte, no solo están en juego rutas marítimas, sino un verdadero control territorial de las riquezas que encierran sus fondos y cuya explotación se hace hoy por hoy, con el hielo aun existente, muy costosa técnica y económicamente.

Pero por otra parte tenemos a la opinión pública mundial. En ella se observa una creciente preocupación por el medio ambiente, por el respeto a la naturaleza y por la necesidad de preservarla para próximas generaciones. Esta sensibilidad se expresa de múltiples maneras, entre ellas la aludida película Happy Feet, destinada a una socialización de los más pequeños en el respeto del medio ambiente. Esta opinión pública es la que podría, con su presión continua, hacer cambiar las posiciones ambiguas de nuestros gobiernos y encaminarlos hacia una acción decidida de lucha contra el cambio climático.

No obstante, no nos engañemos. Esa hipotética contradicción entre el actuar de los Estados y el querer de la opinión pública, no lo es tanto.

Por un lado, la opinión pública a la que me refería no es realmente mundial. Sería sólo la de los países más desarrollados -poniendo cifras, en torno a una quinta parte de la población mundial-, pues el resto bastante tienen con sobrevivir día a día en su entorno como para preocuparse por cuestiones globales.

Por otro lado, dentro de esa opinión pública desarrollada dista aun un mundo entre su “opinión” y su “acción” real. En el dilema diario que supone mantener ciertas comodidades en favor de conductas medioambientalmente responsables, pierden estas últimas por goleada (y ello, sin prejuicio de que la conciencia medioambiental crezca cada día). Es por ello por lo que se explica que países como España, por poner un ejemplo cercano, no cumpla con sus cuotas de CO2 comprometidas en Kioto, y aquí no pase nada, salvo el dirigir una queja más o menos difusa al gobierno de turno que, si bien tiene la responsabilidad principal de impulsar políticas en ese sentido, se tiene que sentir realmente presionado por su opinión publica para ello, la cual, además, debe comportarse coherentemente con esa pretensión.

Y por último, respecto a los Estados, preguntémonos como quedarían sus gobernantes si en esa disputa sobre el control de las rutas marítimas del ártico o el acceso a sus recursos, anunciaran una renuncia unilateral a cualquier pretensión sobre las mismas. Hoy por hoy no veo a la ninguna sociedad lo suficientemente madura como para dar un respaldo unánime a su gobierno en este sentido, si es que éste tiene una opción real de conseguirlo y no se trata sólo de pura retórica. Les pongo otra vez a España como ejemplo: imaginen como quedaría el actual o futuro gobierno español si, siendo España una potencia pesquera mundial, renunciara a cualquier pretensión sobre las pesquerías del ártico que se abrirán con su deshielo y centrara todos sus esfuerzos diplomáticos en convencer a terceros países de actuar de la misma manera; ¿aceptaría ese gobierno el riesgo de perder su apuesta y con ello, el tener que explicar el porqué no tenemos acceso a esas pesquerías o en todo caso, no ya un acceso privilegiado?. Lo dudo.

Pues en eso estamos y sobre eso discutimos en lugar de atacar el verdadero problema. En vez de centrarnos en la causa de todo, en su raíz, nos centramos en sus consecuencias, algunas positivas desde poderosos puntos de vista, de tal forma que nos hacen olvidar cual debe ser la verdadera lucha. En definitiva, entre todos, por acción o inacción, seguimos dispersando energías, las cuales, de una manera u otra, van a terminar rompiendo el hielo.

Pensemos en ello y demos sentido a este Blog Action Day 2007.

———–

(1) El País, El cambio climático abre una nueva ruta marítima en el Ártico entre Europa y Asia, Sociedad, Edición impresa, domingo 16 de septiembre del 2007

Anuncios

4 comentarios sobre “Blog Action Day 2007 – Rompiendo el Hielo

  1. Interesante reflexión.

    Pienso que determinados organismos deberían haber ya, nombrado espacios protegidos o patrimonios de la humanidad, o cualquier título que quieran darle y que consiga frenar el interesado avance de los capitales privados en el polo norte, sur, o cualquier otro lugar del planeta que sea susceptible de llevarnos a un agotamiento, lento o no tan lento, de la vida en el mismo.

    Hace tiempo leí un articulo sobre el bien que supondría para nuestra atmósfera impedir que el trafico aéreo superara la cota de los 6000 metros. Obviamente los costes, solo en combustible, que esto generaría hizo que esta propuesta quedara en nada.

  2. Los Organismos hacen lo que los Estados les dejan hacer, bien otorgándoles poderes en una materia cuando las constituyen, bien a través de la instrumentación que hacen de la actividad de la Organización.

    Sin extenderme mucho sobre este asunto, existe la llamada Zona Internacional de los Fondos Marinos y oceánicos en la que la Convención de 1982 sobre el Derecho del Mar la declaraba “Patrimonio común de la humanidad” y dictaba una “utilización en beneficio de la Humanidad”. No obstante, la desigual ratificación del Tratado y las profundas reservas de algunos Estados importantes han vaciado de contenido ambos principios, y se asiste hoy a una revisión más comercial de lo acordado en la citada Convención.

    Otro ejemplo sería el llamado Tratado de la Luna de 1979 por el que se la declara, junto a sus recursos naturales, Patrimonio Común de la Humanidad. Pero ocurre lo mismo que antes. Ya veremos como evoluciona el asunto pues no se crea que los Chinos están enviando sondas para hacer un Atlas de la Luna.

    Y al respecto de los aviones, efectivamente la alta estabilidad de las cotas altas de la atmósfera unido al creciente incremento del tráfico aéreo hace que las emisiones de CO2 sean especialmente perniciosas allí. No obstante, al contrario de lo que observo en otras industrias, la aeronáutica está sometida a unos requisitos medio-ambientales muy exigentes que obligan a un desarrollo y optimización constante de los motores empleados. Véase los requerimientos que ha tenido que superar el ya en servicio A380, que le pone a la vanguardia en cuanto a minimización de emisiones. Ojalá otras industrias se condujeran de la misma manera.

Los comentarios están cerrados.