El gran dictador

Charles Spencer Chaplin, creador de la mítica figura de Charlot del cine mudo de inicios del siglo XX, se resistió a hacer que su personaje hablara en la pantalla hasta finales de los años 30, pese a que el cine sonoro era ya ampliamente utilizado desde comienzos de esa década.

La primera vez que se escuchó su voz fue en Tiempos modernos (1936), aunque allí, de manera premeditada, se limitó a cantar una canción con una letra sin sentido. El público ya estaba advertido de que en esa película el actor mostraría su voz, y éste les sorprendió haciendo que, literalmente, no saliera nada con sentido de su boca. No lo necesitaba, pues Charlot era capaz de expresar con su mímica todo lo que deseara.

Y es que Charles Chaplin sabía bien que el hablar haría morir a su personaje y quizá por eso, fue por lo que esperó hasta El gran dictador (1940) para hacerlo. Fue la última película en la que el personaje apareció en pantalla. Pero antes, dirigió un discurso final que, para nuestra desgracia, sólo habría que cambiarle unas pocas palabras para que siga manteniendo su plena actualidad en muchos lugares de nuestro planeta. Es el discurso que traigo hoy aquí.

Por estas dos películas y por sus cada vez más críticas reflexiones sobre la forma de conducirse el mundo contemporáneo, Charles Chaplin sufrió las críticas de los sectores más conservadores norteamericanos que, en pleno maccarthismo, consiguieron retirarle su visado de entrada a Estados Unidos en 1952. Allí volvió sólo cuando se lo rogaron para recoger el Oscar Honorífico que le concedieron en 1972.

Para conocer más sobre la vida de Charles Spencer Chaplin, estos días en Caixa Forum: Chaplin en imágenes. Hasta el 19 de octubre.

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