Goodbye Mr President, Welcome Mr President

Estados Unidos lleva siendo un actor principal del orden internacional desde el final de la I Guerra Mundial, hace ya casi un siglo. Referencia básica del orden internacional, el resto de Estados se posiciona respecto a ellos, ya sea para situarse a favor, en contra o en una posición más o menos neutra en relación a sus políticas. Por ello, el cambio de presidente en la Casa Blanca no se rata de un mero asunto de doméstico sino de un acontecimiento con repercusiones plenamente internacionales.

_92389381_trump_reu.jpg

Hoy, viernes 20 de enero del 2017, Donald Trump es investido como el 45ª Presidente de los Estados Unidos. Relevará en el cargo a Barack Obama. Para algunos, un cambio similar al paso del día a la noche, para otros justo lo contrario, de la noche al día. En mi opinión, un signo claro de los tiempos que corren, tiempos de turbulencia y de cambio en el que los que la moderación retrocede y en donde los virajes hacia posiciones más extremas son cada vez más frecuentes.

En términos generales, en el tiempo que ha transcurrido entre la celebración de elecciones y el día de hoy, en la que el nuevo Presidente jura su cargo, hemos asistido a una loa al legado del Presidente saliente y a una cadena de advertencias sobre el Presidente entrante. El tiempo nos dará perspectiva y la historia valorará en su justa medida a ambos. En estos días, la Administración Obama, imperfecta, tiende a ser idealizada. El contraste con Donald Trump es demasiado grande, abismal. El primero llegó a la Casa Blanca con un mensaje de esperanza, hope, tanto para muchos colectivos de desfavorecidos en Estados Unidos como para la propia política internacional. Recuérdese que, muy tempranamente y de manera sorpresiva, Obama fue premiado con el Nobel de la Paz.

Por el contrario, Trump ha llegado a la Casa Blanca con mensaje bronco, de diferenciación racial, anti-establishment y muy populista (en el sentido de encandilar a sus millones de seguidores través de recetas simples a problemas muy complejos). En términos de política exterior, y a la espera de sus acontecimientos, de lo leído y escuchado al respecto cabe esperar por una parte, una profundización de la tendencia aislacionista y por otra una toma de posición rupturista.

En mi opinión, la administración Obama ya inició un considerable repliegue en el alcance de su acción exterior. Sin olvidar los éxitos de su diplomacia en los acuerdos nucleares con Irán o el desbloqueo de relaciones con Cuba, lo cierto es que su papel en el conflicto sirio ha sido muy tibio, y en ocasiones dubitativo. En relación al problema palestino-israelí, Estados Unidos postuló por la solución de dos Estados pero ha sido incapaz de hacerla avanzar, al tiempo que su relación con el gobierno Netanyahu se hacía cada vez más difícil. En Europa, adoptó un perfil bajo respecto a la guerra en Ucrania y la anexión rusa de Crimea en paralelo al aumento de la tensión retórica con Rusia, la cual ha sabido ganar posiciones en el medio oriente a costa del conflicto en Siria.

A tenor de sus afirmaciones, de Trump cabe esperar un enfriamiento, o quizá congelación absoluta, de la apuesta diplomática-comercial que Obama hizo por la región Asia-Pacífico, desandando el camino andado. En la misma línea, Trump apoya explícitamente el Brexit y apoya un debilitamiento de la Unión Europea, en la esperanza de reducir su potencia comercial y olvidando que la UE nació con un objetivo de paz y prosperidad en Europa y no simplemente como un instrumento comercial (o al menos esa era la idea original). No parece sentirse concernido por la lucha contra el cambio climático sino que lo ve como un lastre a su economía. Se vislumbra también un choque de trenes con China, que por el bien de todos esperemos que se quede solo en el ámbito comercial, a quién Trump ve como el origen de muchos de los males que soportan los norteamericanos y en donde el trato explícito y privilegiado que está teniendo con Taiwán en las semanas previas a su toma de posesión no hacen sino calentar el asunto. El potencial traslado de la embajada de EEUU en Israel a Jerusalén parece también la apuesta por un punto de no retorno que puede enterrar definitivamente el proceso de paz en la zona. Y finalmente, en relación a Rusia, las afirmaciones de Trump y la designación de su Secretario de Estado llevan a pensar que se va a transitar hacia una nueva entente cordiale con el gigante Euroasiático, en donde el debilitamiento de la OTAN puede ser la primera ofrenda y todo ello, muy probablemente, a costa de la tranquilidad de todos sus países limítrofes.

Los norteamericanos votaron democráticamente y están en todo su derecho de elegir al presidente que han elegido. A ellos les corresponde decidir su destino y serán ellos los que juzgarán a Trump dentro de cuatro años. Al resto de ciudadanos de este planeta, y con independencia de que nos guste o no Trump, sólo nos queda esperar lo mejor y prepararnos para lo peor. En mi opinión, la impulsividad, verborrea y en última instancia la imprevisibilidad del nuevo presidente no va a traer estabilidad internacional sino todo lo contrario. Y con ello existe el riesgo de acelerar tendencias de transformación del orden internacional que hoy todos conocemos y en torno al cual hemos organizado nuestras sociedades y formas de vida.

(Foto: REUTERS)

Anuncios